¿CAMBIAS O TE CAMBIAN?: TU ELIGES

¿Eres de las personas a las que le fastidian los cambios?

¿De esas personas que cuando algo no es como ellas habían proyectado se ponen de mal humor y piensan que el mundo está en su contra?

Sé cómo te sientes, yo hace algunos años era exactamente igual, organizaba todo con tanto cuidado, me daba tanto trabajo poner todas las piezas en orden, que cuando aparecía un pequeño temblor y me las desordenaba me enfadaba mucho… hasta pensaba que el mundo estaba en mi contra…jaja el mundo!!.

Si tú eres así, te tengo una buena noticia, lo único constante en este mundo es el cambio y más en esta época que nos ha tocado vivir en la cual hay millones de personas trabajando para mejorar procesos, experiencias, descubriendo nuevas formas de hacer las cosas, conociendo nuestra mente más a fondo, generando incluso cosas que no podemos ni imaginarnos…entonces ¿cómo quieres que las cosas se queden igual?.

El buen consejo que puedo compartir contigo es: Tenemos que estar entrenad@s para asumir los cambios, adaptarnos, disfrutar   y sacarle el mayor provecho a cada una de las situaciones que se te presenten,yo no digo que sea fácil, pero con entrenamiento y buena asesoría, estoy segura que lo lograremos.

Para explicarme mejor, permíteme compartir esta historia que aparecía esta semana en un correo de Ismael Cala, el comunicador más famoso de CNN.

El grano de café:

Un joven se quejaba con su madre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencido. Estaba cansado de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema aparecía otro.

Su madre le llevó a la cocina; allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. En una colocó zanahorias; en otra, huevos; en la tercera, puso granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

El hijo esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su madre. A los veinte minutos la madre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los puso sobre un plato. Finalmente, coló el café y lo sirvió en una taza.

Mirando a su hijo le dijo: ¿Qué ves?
—Zanahorias, huevos y café. —Fue su respuesta.

Le hizo acercarse más y le pidió que tocara las zanahorias, él lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera; al quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Finalmente le pidió que probara el café; él sonrió mientras disfrutaba de su aroma.

Humildemente, el hijo preguntó: ¿qué significa esto madre?

Es química —le explicó—. Los tres elementos se han enfrentado a la misma adversidad: agua hirviendo, pero han reaccionado de forma diferente en función de sus características.

—La zanahoria llegó al agua fuerte y dura; pero, después de pasar por el agua hirviendo, se ha puesto débil, fácil de deshacer.

—El huevo ha llegado al agua frágil, su cáscara protegía un líquido interior; pero, después de estar en el agua hirviendo, su interior se ha endurecido.

—Los granos de café, sin embargo, son únicos: después de estar en el agua hirviendo, ha sido capaces de cambiar el agua y sus propiedades.

—¿Cuál eres tú, hijo? Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?
—preguntó al muchacho.

¿Eres una zanahoria, que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, un espíritu fluido, pero tras una muerte, una separación o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera pareces el mismo, pero eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecidos.

O ¿eres como el grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor.

Conviértete en un grano de café: cuando las cosas se pongan peor tú reacciona en forma positiva, sin dejarte vencer, y haz que las cosas a tu alrededor mejoren; ante la adversidad percibe siempre una luz que ilumine tu camino y el de las personas que te rodean.

Que estar a tu lado sea como “tomarse una buena taza de café”

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